Para complementar el artículo 'El día del Holocausto', que podrás leer en tu CM de abril, te traemos esta entrevista con una especialista en el tema.
CM CONSULTA
Shulamit Goldsmit, académica del Programa de Cultura Judaica del Departamento de Historia de la Universidad Iberoamericana.
¿Qué es lo que delimita el término 'Holocausto?
Universalmente se ha aceptado para nombrar la etapa del exterminio de judíos durante la Segunda Guerra Mundial. Por lo tanto engloba los campos de trabajo, exterminio y el genocidio en general. La palabra se ha querido utilizar también para otras circunstancias –como Ruanda o Yugoslavia– pero hay historiadores que prefieren limitarlo para este hecho histórico concreto.
¿Cómo creció el antisemitismo alemán?
Por razones sociales y geográficas, los judíos siempre hemos pertenecido a una minoría y siempre se ha buscado que éstas sean un chivo expiatorio. Después de la Primera Guerra Mundial, Alemania queda en una situación muy difícil. Es castigada por los aliados y, entre otros muchos, los judíos son culpables. Entonces el antisemitismo alemán se canaliza a través del nazismo por un pueblo enojado y con rencor debido los castigos que se le impusieron a través del Tratado de Versalles. Curiosamente los judíos estaban muy integrados a la vida alemana. A muchos de ellos hasta se les había olvidado que eran judíos y se preciaban mucho de ser alemanes. Cuando llegó un hombre [Adolf Hitler] con una ideología que logra canalizar el rencor y frustración del ciudadano alemán común y corriente se culpó al comunismo, a los judíos y a todos aquellos que se consideran de 'razas inferiores'. Y así empezó el ascenso de Hitler como figura política: en un principio fue encarcelado pero desde ahí escribió su famoso libro Mein Kampf y su figura carismática encendió a las masas de una manera nunca vista. En aquel entonces, los judíos tenían posiciones importantes y económicamente estables. Los antecedentes de las manifestaciones del odio hacia ellos estuvieron en 'La noche de los cuchillos largos' y luego 'La Noche de los Cristales Rotos'. Luego se llevó a cabo la Conferencia de Wannsee, en la que decidieron la Solución Final.
Pero ¿por qué penetró este odio en todo el pueblo alemán?
Porque no fue producto de un demente o de un pueblo que se dejó llevar por su 'locura'. Hay algo más: esto es una lección histórica de lo que sucede cuando se cultivan los rencores nacionales. Eso nos pone en peligro.
¿Por qué hay quien considera el Holocausto como la peor matanza de la historia siendo que han existido otros hechos violentos en el mundo?
No solo porque fueron asesinatos con premeditación, alevosía y ventaja sino porque además fueron sistemáticos. Siempre es terrorífico que se termine con una población completa pero para los judíos se armó toda una industria de la muerte. Primero se crearon los campos de trabajos forzados para acabar con ellos por 'causas naturales' pero cuando notaron que eso costaba mucho tiempo y dinero, apresuraron la Solución Final, y la construcción de cámaras de gas y campos dedicados al exterminio.
Hannah Arendt, en el libro Eichmann en Jerusalén: un estudio sobre la banalidad del mal, menciona que, los judíos se autosegregan. Por ejemplo, sólo se casan entre ustedes...
Te automarginas por una infinidad de razones: por miedo, porque uno mismo se siente diferente, porque no sabes si los demás te van a aceptar o porque a uno no le guste el exterior. Más allá de esto, una comunidad minoritaria siempre busca su preservación. No es sólo entre judíos. Los libaneses se casan con libaneses, por ejemplo. Otra causa es que a nadie le gusta el rechazo y el judío ha sido muy repudiado. Él siempre ha buscado integrarse y el mejor ejemplo fue Alemania: había familias que eran de la inteligencia alemana y un día, a raíz de las Leyes de Nuremberg, se encontraron con que sus hijos ya no podían ir a la escuela y que ya nadie compraría en sus comercios. Y todo porque tenían, por ejemplo, un familiar lejano que fue 'una cuarta parte judío'.
¿Por qué si los nazis eran una minoría –frente al número de judíos en los campos, por ejemplo– hubo tan pocas rebeliones?
Hay una respuesta única: uno nunca sabe como va a reaccionar frente a un arma. Y es que, aunque les hubieran quitado todas sus pertenencia, hay un instinto por mantener la vida. Siempre es el bien más preciado, por muy degradada que pueda estar. Piensa que eran guardias alemanes armados, bien alimentados y en posesión del poder frente a cientos de personas degradadas, despojadas de todo –hasta de su dignidad, y por eso los hacían caminar desnudos–. Los hacían sentir que no valían ni la ropa que traían puesta. Les quitaban los zapatos, las dentaduras, los lentes, todo. Claro que hubo levantamientos, aunque fueran pocos, como los del gueto de Varsovia. Sobre el tema, hay que leer, por ejemplo, a Primo Levi, a Viktor Frankl o a Walter Benjamin.
Cuando terminó la guerra ¿México apoyó a los judíos que quisieran migrar?
Durante los años treinta se cerraron las puertas a los judíos a pesar de que [Lázaro] Cárdenas apoyó la migración española. Hay estudios muy recientes que han investigado los archivos de Relaciones Exteriores y muchos de ellos están impregnados de nazismo. Aquí hay que considerar que la situación es distinta a la de Europa porque la población es mayoritariamente católica y se maneja la idea de que los judíos mataron a Cristo. A mí llegaron a decírmelo de niña. Sin embargo, una vez que terminó la guerra, el Comité Central los apoyó aunque aquí llegaron muy pocos.
¿Hay algún día en el que recuerden en Holocausto?
Sí, el Yom HaShoah. Incluso en las escuelas hacen una ceremonia. Es el 19 de abril.
¿Qué se ganó con esta lección histórica?
La lección de que, a pesar de un intento de exterminar el pueblo judío, seguimos aquí. Asimismo están las ideas que se forjaron antes, durante y después del Holocausto con pensadores judíos como Martin Buber, Jacques Derrida, Emmanuel Levinas, Walter Benjamin, Franz Kafka y Hannah Arendt, que alimentan la filosofía y el humanismo actual. Por último, está la creación del Estado de Israel, que si bien había iniciado tiempo atrás, es una consecuencia no directa. Es decir –esto es muy delicado– el mundo y los aliados sintieron que el Holocausto había sucedido porque el judío no tenía un país que lo respaldara: no había un cónsul, embajador ni una secretaría que los apoyara.
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